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Buceando con Divers Cabo de Palos: Una inmersión de superficie con rorcuales

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Tras decidirnos a ir a bucear al Farallón, el 21 de Junio del 2016, con Divers Cabo de Palos, realizamos una inmersión para el recuerdo en una zona que en sí misma es una explosión de vida, con nudibránquios y los típicos peces mediterráneos (freddies, sargos…) rodeándonos por todas partes.

Había algo que nos retenía dentro del agua, precisamente esa cantidad de vida que no dejaba que llegásemos a ascender una vez realizada la parada de seguridad, pues a 5 metros de profundidad no podíamos imaginar es que a escasos 30 metros de distancia del ancla del barco de Divers Cabo de Palos se encontraban dos bellezas esperándonos que iban a conseguir que la gran inmersión que acabábamos de realizar se quedase pequeña.

Previamente a la inmersión, Isabel y Raúl habían estado llamando a delfines, orcas, tiburones, ballenas… ¡Y FUNCIONÓ! Tras subir al barco y empezar a recoger los equipos, deleitándonos con la inmersión que acabábamos de realizar, Raúl gritó: ¡UNA BALLENA!

El resto de los que estábamos en el barco no conseguimos verla, y por supuesto, creímos que Raúl estaba haciendo gala de su sentido del humor… Hasta que alguien más volvió a decir “¡QUE SÍ! ¡Que hay una ballena!” Tras un momento de locura, de coger las cámaras, de pensar en volver a echarnos al agua… Ahí estaba, vimos la estela del chorro de agua que la ballena tiró por el espiráculo, y la vimos nadando.

Pensamos que ese iba a ser el último encuentro, pero gracias a la pericia del patrón y a la curiosidad de nuestras amigas (pues sí, no había una ballena, ¡si no dos!) tuvimos un largo encuentro con ellas.

Siempre manteniendo la distancia de seguridad del barco con los animales, pudimos observar a dos magníficos rorcuales comunes, que estaban migrando, paralelas a la costa para no desorientarse, desde el mediterráneo hacia el atlántico y así encontrar aguas más frescas donde pasar el caluroso verano.

La emoción que sentimos fue indescriptible. Aún hoy, después de varios meses de nuestro encuentro con ballenas, sigo sin saber explicar lo que fue para mí el momento del encuentro y las 8 millas que nos regalaron navegando junto a ellas.

a mancha negra de aproximadamente 20 metros de longitud que teníamos debajo del barco (parado, por supuesto) era el mayor de los ejemplares… ¡Que quería presentarse! A su lado estaba el otro ejemplar, un poco más pequeño, por lo que pudiera ser una cría.

En éste punto del encuentro ya estábamos todos los buceadores con los neoprenos a medio volver a poner, las aletas, y la máscara ¡por si acaso! No fueran a querer jugar con nosotros y nos dejasen darnos un baño con ellas. Lo impresionante de éste momento fue ver lo pequeños que somos en la grandiosidad del océano… Éramos miniaturas al lado de estos animales.

Después de este momento, ya con lágrimas en los ojos de la emoción, tuvimos que despedir a nuestros compañeros de viaje, que continuaron su ruta hasta el atlántico y nos dejaron con una sonrisa que no nos cabía en las caras durante un buen rato.

Y si queréis sentir un poquito de lo que sentimos nosotros, os dejo con este vídeo del momento.

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