Buceo en la Edad Media, la Maldición de los Hombres-Pez

Mapa fantástico de una tierra plana --- Image by © Antar Dayal/Illustration Works/Corbis

Mapa fantástico de una tierra plana --- Image by © Antar Dayal/Illustration Works/Corbis

La Edad Media siempre ha sido considerada como una época oscura y tenebrosa. Pero más oscura y tenebrosa que la tierra… era el mar.

El mar era un espacio salvaje, mítico, al margen de las leyes humanas, donde habitaban monstruos gigantescos y cuyos límites desembocaban en una catarata que te expulsaba al vacío del cosmos.

El mar medieval sólo podía ser descrito de una manera: terrorífico.

Era además un territorio ignoto, y por lo tanto terreno fértil para el nacimiento de leyendas y fantasías que mantenían a la gente lejos de las orillas y atadas a las tradiciones.

Una sola ojeada al Bestiario Medieval nos permite ver que aquello no eran precisamente las Maldivas.

En vista del panorama, ¿cómo creeis que llamarían a aquellas personas que, desafiando todas las leyes de Dios, se sumergían en las profundidades oceánicas? Locos, por supuesto. Herejes, transgresores, malditos.

Condenados a trasformarse en criaturas de pesadilla: en Hombres-Pez.

Y el más famoso de todos fue el Pez Nicolás, también conocido como Peje Nicolau, Nicola Pesce o simplemente Pesce Cola.

Una versión del mito nos cuenta que el Pez Nicolás era un niño muy desobediente, que siempre conseguía escaparse de su casa para ir a bucear al mar. Su madre, irritada, acabó maldiciéndolo de la siguiente manera: “Pues tanto de la mar gustas fuera de la mar no pares. Mueras en saliendo della, en el agua estés pues mis disgustos te placen”. Así comenzó la transformación: al niño le crecieron escamas, aletas, y branquias se abrieron en su pequeño cuello. Se convirtió en un monstruo.

Hombre pez del medievo

Lejos de amedrentarse, dicen que este pequeño Hombre-Pez pasó los siguientes 100 años viviendo en una cueva submarina, donde los peces no se devoraban entre sí ni envejecían. Contaba magníficas historias sobre el fondo del mar, sus jardines de coral, sus arenas cubiertas de piedras preciosas, su inmensidad. El Hombre-Pez acabó adquiriendo, como es natural, una portentosa capacidad natatoria y aprendió a introducirse en el interior de otros peces para investigar los límites del océano. También revelaba a los marineros los secretos de la navegación. Por lo que parece, era un tipo feliz y su madre se tuvo que fastidiar.

A finales del siglo XII, los escritores Mapes y Jordán nos cuentan otra versión de la historia de Nicolás Pesce, el buceador. Nicolás era un hombre que se sentía más cómodo bajo las olas que en tierra firme, tanto es así que acabó adquiriendo el extraño don de predecir las tormentas que venían del mar. Corrió la voz entre las aldeas y la historia llegó a los oidos del rey Guillermo de Sicilia, quien quiso conocer personalmente al portento. Nicolás Pesce fue llevado a la corte y allí se instaló. Pero el rey no contaba con un pequeño problema: lejos del mar, el Hombre-Pez no podía sino languidecer hasta morir.

Peje Nicolau en la corte

La historia del Nicolás Pesce cobrará con el tiempo un cariz todavía más dramático. Dicen que el rey, siempre ansioso de nuevos entretenimientos, llevó al buceador al temible remolino marino de Caribdis, situado en el lugar más angosto del estrecho de Mesina. Allí lanzó una copa de oro, e instó al Hombre-Pez a recuperarla. Nicolás se lanzó a las profundidades, permaneciendo en ellas por 45 minutos. Finalmente emergió con la copa de oro en la mano y una maravillosa historia en los labios sobre prodigiosos monstruos marinos. El rey, fascinado, instó al buceador a que volviera a bajar y le contara más detalles. El Pesce Nicolau se mostró reticente, pero el rey sacó un pesado saco de oro y lo lanzó al torbellino: si lo traía de vuelta, sería suyo. El buceador volvió a saltar al agua… desapareciendo para no ser visto nunca más. Dicen que murió devorado por las criaturas marinas que anteriormente había descrito al rey.

Pesce Nicolau recupera copa de oro

Como veis, todos los personajes que se aventuran dentro del mar medieval acaban muertos o transformados en monstruos, pero oye… ¡que les quiten lo bailao!

Fuente: Los Hombres Peces en la Edad Media y Contemporánea. Inmaculada Caro Rodríguez. Universidad de Sevilla.

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